LOS MONEGROS

Los Monegros despiertan y agudizan nuestros sentidos. Paisajes serenos, silencios que tan solo el cierzo arrebata, aromas de tomillo, romero, ontina... que impregnan el ambiente y las botas del caminante.


Siempre esperando la lluvia y con el viento como eterno compañero. Territorio de grandes contrastes que a nadie deja indiferente, donde todo es efímero, discreto, casi íntimo; que precisa de una aproximación diferente, una predisposición  a los detalles propia del caminante tranquilo y observador minucioso. Los Monegros no son tan inhóspitos, ni son propiamente un desierto; solo son, parcos en dar satisfacción a quien tiene prisa.
Miradores y observatorios nos abren amplias panorámicas de paisajes humanizados, con cielos claros y horizontes lejanos, sobre tierras de yesos, arcillas, margas y areniscas, que trazan un paisaje cromático de tonos ocres y pardos, grises, amarillos y blancos, en contraste con los campos de regadío y árboles singulares como sabinas, pinos, tamarizas... y con todas las formaciones que el tiempo y la naturaleza han sido capaces de diseñar.
Paisajes cambiantes en las distintas estaciones del año; primaveras ventosas y floridas, rebosantes de luz y color; veranos calurosos, demandantes de sombra y bebida fresca; otoños serenos de palosantos, granadas y membrillos; inviernos fríos, donde la niebla y las heladas son protagonistas.
Desde la Sierra de Alcubierre con su punto más alto en los 834 m. de la ermita de San Caprasio, hasta los 180 m. de las zonas más bajas en las riberas del río Alcanadre a su paso por Sena y Sijena, encontramos una gran variedad de paisajes, producto de la diferencia de altitud, que dan lugar a distintos ecosistemas, con una gran diversidad en la flora. Los sotos y riberas de nuestros ríos, como el Alcanadre que atraviesa la comarca y sus afluentes Guatizalema y Flumen con sus múltiples barrancos. La Sierra de Alcubierre, con sus distintas denominaciones asociadas a cada población, vertebra el territorio y  reúne condiciones muy favorables para la vegetación. Encontramos llanuras esteparias de cielos abiertos, lagunas y humedales singulares como saladas, balsas y carrizales; campos de secano y regadío. Pantanos, canales y acequias que han transformado la comarca con grandes extensiones cultivables. Entornos diversos donde las plantas siempre encuentran un lugar donde prosperar.
Este territorio ha debido adaptarse a las condiciones extremas, que han obligado a la vegetación, a la fauna y a sus gentes a buscar respuestas adecuadas para su supervivencia. 
Gentes sencillas, los monegrinos, que hacen de la hospitalidad virtud. Una sociedad envejecida que tiene en la despoblación su principal problema y que, sin renunciar a sus tradiciones, apuesta por el futuro, un futuro acorde a los tiempos actuales que les permita seguir viviendo en este entorno singular.


Los Monegros nos sorprenden en cada salida. Con tesón y entrega, sensibilidad y cariño, nos adaptamos a lo que el momento nos ofrece; instantes mágicos, amaneceres y atardeceres increíbles e imprevisibles que no vamos a buscar, sino que encontramos cuando a capricho se nos muestran.
Cuando llega la primavera, más aún si las lluvias han sido generosas, la naturaleza nos muestra la máxima expresión de la belleza: LAS FLORES

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